“Acérquense, siéntense aquí…” La frase ha sido pronunciada en Urdu, pero viene acompañada de un amplio gesto del brazo con la mano tendida hacia el suelo de mármol blanco, de una sonrisa discreta y de un movimiento del cuerpo hacia adelante, en forma de saludo. El músico retiene su canto para recibiros, el poema que había entonado queda suspendido al borde de sus labios, enganchado a una nota del instrumento cómo esperando en el aire en el que flota un perfume de incienso y pétalos de rosa. Me’râj Ahmed Qawwâl os recibe y os invita a sentaros… pero enseguida os abandona para recuperar al vuelo la melodía interrumpida. Su canto le absorbe; el tambor del joven músico que le acompaña casa las coplas y hace vibrar el suelo. La mirada del cantor se tiñe de ternura, sus ojos negros chispeantes al borde de la sonrisa o de las lágrimas, son el libro abierto del poema que interpreta. Él está fuera. Los peregrinos van y vienen respetuosamente y posan la frente sobre una de las columnas de mármol del mausoleo, o se postran sobre los escalones en el umbral de la tumba, antes de penetrar en el recinto silencioso y perfumado, antes de tocar la sepultura y de sumergirse en el aura bienhechora del santo, que tiene la virtud de curar cuerpos y almas. Desde el siglo XIV, los qawwâls vienen a cantar alrededor del Dargah, la tumba en la que reposa el santo sufí Nizâmuddin. El Dargah es un lugar misterioso, donde el tiempo se detuvo hace algunos siglos. La explanada de mármol blanco que abraza la tumba, es el escenario de un gran teatro, un mundo al revés: “aquí el loco es un sabio y el sabio es un loco” canta el qawwâl. Sin embargo, su mirada nunca se detiene sobre el espectáculo cotidiano de Bâbas renunciantes con los dedos llenos de sortijas, de faquires envueltos en capas negras y cubiertos de amuletos, de algarabías de niños desnudos jugando, de mendigos solicitando la moneda de un visitante, de cortejos de peregrinos desplegando las piezas de tela granate, oro y verde que acaban de extender sobre la sepultura. “He depositado un brasero de flores de mostaza en el umbral de Nizâmuddin”, dice el poema de Amir Khusrau, miles de veces cantado. Me’râj ha elegido este texto porque la música es bella y la va a utilizar para tratar de llegar a vuestros corazones. Aún sin entender una sola palabra, seréis embrujados. Portavoz del sufismo, mensaje de amor a la creación en el cual él ve la imagen de Dios, Me’râj es uno de los últimos músicos qawwal de su generación y nunca se ha sentido atraído por la popularidad o el éxito comercial. Nunca se ha puesto al servicio de ninguna secta, de ningún partido y cree todavía en la pureza del alma. Quiere cantar para todas las comunidades de la India. Para qué sikhs, cristianos, hindúes y musulmanes aprendan a vivir juntos. Me’râj Ahmed Qawwâl añade: “Quizás dentro de cien años, alguien quiera saber quienes fuimos. Así quedará una pista”.
Extracto del libro Qawwali escrito por Claire Devos
Traducción de Nacho Castellano
Ajmer, ciudad de la región del Rajastán, lugar santo para los 150 millones de musulmanes de la India, es testigo anual de la mayor peregrinación musulmana de dicho subcontinente.
Más de 200.000 fieles se reúnen venidos de la India y también de Bangladesh, Pakistán y Afganistán.
Se trata del Urs, es decir, la conmemoración del aniversario de la muerte de un santo sufí. En este caso, Khwaja Mo’inudin Chisti (1139-1236), precursor del Islam en la India.
Este trabajo, realizado en el curso de varios viajes entre 1995 y 1999, intenta transmitir los sentimientos y la energía de una parte del Islam desconocida para el autor hasta ese momento, así como su propia experiencia.
El amor, la fe y la generosidad de esta comunidad, me indujeron a rendir homenaje a esta cultura religiosa, con mi mayor respeto y afecto.
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Es una obra que reúne todos los ingredientes necesarios para atraer el interés del visitante y del lector. Un sentimiento de profunda admiración del autor hacia sus modelos, una cultura que revela un Islam del amor y del respeto a todas las religiones, y un excelente tratamiento fotográfico.
Estas características, casan perfectamente con el cuento escrito por Claire Devos, gran conocedora de esta cultura tras veinte años de convivencia en el seno de la comunidad Sufí de Nueva Delhi, que narra el viaje de uno de los cientos de miles de peregrinos a la ciudad de Ajmer.
Los versos escritos en urdu, que Me’râj Ahmed qawwâl, el más anciano músico de qawwâli de su generación, fallecido en 2014, extrae de su inmenso repertorio de poemas, proporcionan a este libro un contenido espiritual excepcional.
El trabajo fotográfico “Ajmer, peregrinos del Sufismo”, del fotógrafo español Nacho Castellano, consta de una exposición y un libro.
Exposición: